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sábado, 24 de enero de 2015

descolonizar el feminismo

Martes 14 de agosto de 2012

Cualquier enunciado que asocie los términos de “mujer” e “islam” debería comenzar deconstruyendo la pertinencia de este tema. Tratar sobre la cuestión de “la mujer en el islam”, preguntarse hoy día por “la situación” de las mujeres musulmanas, es el fruto de una elaboración histórica. No nos preguntamos con tanta frecuencia por “las mujeres en el judaísmo”, no vemos escrito aquí y allá el tema de “las mujeres en la cristiandad”. Lo cierto es que no se trata ni de la naturaleza de los textos sagrados judíos y cristianos, ni aún menos de las condiciones de vida de las mujeres cristianas y judías, que varían considerablemente según vivan al Norte o al Sur. Salta a los ojos que sólo las musulmanas son designadas por su religión, es decir, que se imputa al islam una influencia fundamental sobre sus condiciones de vida. En general, se designa con el vocablo “mundo musulmán” a un conjunto de países, de lenguas y de culturas muy diferentes, que se extienden a varios continentes. Hablar del “mundo musulmán” y de “la mujer en el islam” parece mostrar una evidencia y tener una resonancia a la altura de las creencias y de los prejuicios sobre el islam y los musulmanes. Ignorando la diversidad y la complejidad sociológica de las sociedades mayoritariamente musulmanas, y también factores socioeconómicos e históricos, muchos consideran que el islam sería la causa fundamental del “subdesarrollo”, del “arcaísmo” y del “retraso” del “mundo musulmán”. La prueba más evidente sería la desigual “condición” de la mujer musulmana –en singular desde luego, porque todas las musulmanas se parecen entre sí–, testimonio del oscurantismo reinante en esas sociedades.

jueves, 25 de septiembre de 2014

las estrategias del patriarcado

A lo largo del tiempo el sistema patriarcal ha utilizado diferentes estrategias con un único objetivo: someter a las mujeres, a las madres, al poder de los varones, de los padres. Teresa Forcades nos habla de cómo la mujer ha sido condenada al ámbito doméstico (cuidado del hogar, de los hijos, de los enfermos, de los ancianos) durante la modernidad y de cómo se hace durante la postmodernidad:

"Així com la modernitat a tendit a restringir l'accés de les dones a l'àmbit públic per considerar-les menys lliures, la postmodernitat tendeix a ferles responsables de l'àmbit domèstic per considerar-les més amoroses."

Teresa Forcades, La teologia feminista en la història, p. 124

el precio de la igualdad

Teresa Forcades en su libro La teologia feminista en la història presenta varios casos de mujeres que a lo largo de la historia lucharon por conseguir la igualdad intelectual y espiritual con los varones -Teresa Forcades habla siempre de "varones" y no de "hombres", probablemente porque el término "hombre" designa a la especie e incluye tanto varones como mujeres-. En la myor parte de los casos estas mujeres encontraron las posibilidades y las oportunidades para esta igualdad recluyéndose en monasterios... Ante esto, Marta Pessarodona, en el contrapunto que se encuentra al final del libro de la Forcades, se hace la siguiente pregunta: "¿És el rebuig de la pròpia corporeïtat o de la pròpia sexualitat el preu a pagar per tal d'assolir la igualtat espiritual?"

El problema de las mujeres

"El problema de les dones roman. Pels barons, l'expressió el problema de les dones acostuma a significar que les dones són un problema (genitiu subjectiu): ¿quina és la natura de les dones?, ¿quin ha de ser el seu lloc en la societat i/o en la religió?, ¿quin és el designi de Déu sobre elles? Per les dones, en canvi, l'expressió el problema de les dones no acostuma a significar que les dones són un problema, sinó que les dones tenen un problema (genitiu objectiu). Per les dones, el problema de les dones són les lleis, els costums i els preceptes religiosos que les limiten."

martes, 23 de septiembre de 2014

perspectiva feminista

"La perspectiva feminista pressuposa que les dones i els homes hem estat creats per establir entre nosaltres relacions lliures i recíproques, sense submissió ni domini per part de ningú."

Teresa Forcades, La teologia feminista en la història, p. 18

viernes, 19 de septiembre de 2014

La teologia feminista en la història

Teresa Forcades i Vila, La teologia feminista en la història, Fragmenta editorial, 2007

Teresa Forcades nos explica que: "La teologia feminista és una modalitat de teologia de l'alliberament... un camí de lluita i de reivindicació... camí de gratuïtat, de do, de sorpreses i regals inesperats, de descobertes que eixamplen cada vegada més l'horitzó inicial."

En las palabras finales de su recorrido por la historia de la teología feminista, nos explica cuál es la tarea de la teología feminista:

"La tasca de la teologia feminista d'avui és la d'obrir camins perquè puguem entre tots bastir unes societats que, a més de fonamentar-se en la igualtat en dignitat, en inteligència i en llibertat de les dones i els barons, es basin també en la igualtat en la capacitat d'estimar, ja que, tal com expressa la coneguda frase de Sant Agustí 'Estima i fes el que vulguis', l'amor i la llibertat són indissociables. Aquesta frase no és una contradicció ni apunta cap a una doble moral. És l'afirmació més concisa de la veritat del nostre ser personal: només des de la llibertat es pot estimar; només des de l'amor es pot ser lliure."

jueves, 7 de agosto de 2014

pensamientos degenerados

fotografía encontrada en internet
no recuerdo dónde... lo siento

Mientras cabreo, o sea pastoreo cabras, pienso… y de ahí, de esa actividad reflexiva, crítica y cavilativa surgen mis pensamientos cabreados. Últimamente mis pensamientos se dirigen hacia un tema que me asalta frecuentemente… algo a lo que hoy todos llaman “género” y que sin ningún género de dudas forma parte de una forma de ver el mundo, más concretamente de la forma de ver el mundo más extendida y que mejor sirve a los intereses que mueven el mundo hoy en día, los intereses egoístas de las personas, el dinero, los mercados… y mis pensamientos cabreados se convierten durante algún tiempo en pensamientos degenerados.

¿Degenerados? Pues sí, porque son pensamientos en los inevitablemente siempre termino desmontando, deshaciendo y, dicho de forma más pedante, deconstruyendo, no sólo la palabra “género” sino todo lo que significa, simboliza y condiciona la forma de pensar y de ver el mundo.

Mis pensamientos degenerados, al igual que todos mis pensamientos, forman parte de lo que llamo mis “pensamientos cabreados”, no porque esté enfadado, que a veces también, sino porque llenan mi cabeza -o la parte de mi cuerpo con la que pienso, porque no estoy muy seguro de cuál es, ni siquiera si es siempre la misma- durante las horas y horas que paso pastoreando, o sea cabreando.

Según nos explica Corominas en su diccionario etimológico -cuatro grandes volúmenes de color verde y con olor a humedad de biblioteca vieja, a los que acudo frecuentemente en busca de aclaraciones que me ayuden a entender el auténtico significado de las palabras que utilizamos habitualmente con tanta despreocupación- la palabra “género” procede del latín “genus -eris” que significa “linaje”. Linaje es un sistema amplio de parentesco que reúne a todas las personas, durante varias “gene”raciones, que proceden de un origen común, es decir, que han sido “gene”rados o engendrados a partir de una única pareja reproductora. A partir de aquí, la palabra castellana “género” fue utilizada en las taxonomías biológicas y, con mayor amplitud, para designar a cualquier conjunto de individuos que reunieran características comunes, aunque no fueran ya relativas al origen común. Así, según el diccionario de la RAE, la primera acepción de la palabra “género” es: “conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes”. En teoría gramatical se decidió utilizar esta palabra (“género”) para definir la “clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre”, y que “en las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra”. De esta manera, en castellano por ejemplo, unA mesA es un objeto “femenino” y un árbol, en cambio, es masculino. En otras lenguas esto puede cambiar porque no hay ningún criterio definido para asignar género a las cosas. Los criterios para asignar género a las personas y a los animales sexuados fueron bastante sencillos: macho=masculino, hembra=femenino. Como consecuencia de esta simplista asignación de géneros, se procedió también a asignar “género” a lo que en cada cultura se considera propio de cada uno de los “géneros” de personas.

En relación con las personas, alguien decidió en algún momento -los estudiosos del tema, como por ejemplo Beatriz Preciado, pueden decirnos exactamente quiénes fueron y en qué momento- que habría dos géneros: masculino y femenino y que se asignarían de una forma que parecía en principio muy simple: masculino para los machos y femenino para las hembras.

Macho y hembra son categorías biológicas. Masculino y femenino en cambio son categorías políticas o culturales o, como defiende Beatriz Preciado, “ficciones políticas”. Las categorías biológicas macho y hembra parecen bastante claras, aunque tampoco lo son tanto, pues existe un porcentaje bastante importante de niños que nacen con un sexo que no se ajusta exactamente a ninguna de ambas categorías. Esto es algo que ocurre también en otras especies animales.

Mientras que las categorías biológicas “macho” y “hembra” hacen referencia exclusivamente a un sólo aspecto de los seres humanos, el sexual-reproductivo, las categorías “masculino” y “femenino” se refieren a muchas otras cosas, muchas de ellas estudiadas “científicamente”. Por medio de la idea de masculinidad y feminidad se asignan capacidades, instintos, tendencias, apetencias, maneras de pensar, etc… a cada una de estas categorías. Se llega hasta extremos insospechados, definiendo lo que son trabajos femeninos o masculinos, formas de pensar masculinas y femeninas y hasta valores morales y éticos masculinos y femeninos.

La masculinidad se identifica con fuerza y por tanto con violencia, con agresividad, con un deseo sexual incontrolable… pero también con capacidad de comprensión racional y lógica que condiciona unas orientaciones profesionales dirigidas hacia la ciencia, la ingeniería, o la organización de empresas.

La feminidad en cambio se identifica con debilidad (“el sexo débil” se decía hasta no hace mucho tiempo) y por tanto con sumisión y obediencia, carencia de deseo sexual… y también con una capacidad de comprensión más intuitiva que les orienta hacia la maternidad y los cuidados, por lo que sus preferencias profesionales suelen encontrarse en el campo de la salud, la educación o de la limpieza.

Estas son las ficciones, y en estas ficciones llevamos viviendo desde hace muchos siglos. En algunos momentos son más elaboradas y en otros menos. Ha habido épocas en las que estaban más reguladas en un sentido y otras en las que se regulan en otro. Hace algo más de cien años existían leyes que prohibían a las mujeres ejercer determinadas profesiones o que les incapacitaban para determinados contratos. Ahora existen leyes que protegen a las mujeres de forma especial como si fueran seres inferiores a los que hay que proteger, o establecen una discriminación positiva para que puedan acceder a determinados cargos aún estando menos capacitadas que algunos hombres.

Por otra parte, estas ficciones de “masculino” y “femenino” se encuentran con muchos problemas cuando se trata de encajar en ellas a determinadas personas que no se consideran “masculinos” a pesar de ser “machos”, o que no se consideran “femeninas” a pesar de ser “hembras”, o que ni siquiera son “machos” o “hembras”, o que siéndolo y reconociéndose como “machos” o “hembras” no quieren identificarse ni como “masculinos” ni como “femeninas”…

Todo esto sin hablar de los comportamientos sexuales… porque en este terreno las combinaciones pueden ser tantas que no hay forma de encajarlas en ninguna categoría. Sin embargo, esto también se pretende hacer, como siempre, simplificando al máximo. Porque ahora las nuevas ficciones políticas son las de “homosexualidad” y “heterosexualidad”. O eres heterosexual o eres homosexual, independientemente del género al que estés adscrito y del sexo biológico-reproductivo que te corresponda. En función de… no se sabe muy bien de qué. Me imagino que con el tiempo y con la decadencia de las relaciones en pareja es probable que se inventen otras ficciones como “parejasexual”, “triosexual”, “monosexual”, “multisexual”… en función de que los comprotamientos sexuales del individuo se realicen sólo, en pareja, en trío o con mucha gente al mismo tiempo. Sin embargo, dado que las ficciones políticas suelen ser preferentemente binarias, es posible que todos tengan que encajar en alguna de estas dos categorías: “parejasexual” o “multisexual”, ya que al parecer monosexuales lo somos todos y todas en determinados momentos de nuestras vidas.

El “género”, considerado pues como una ficción política, y en el que sólo caben dos opciones: “masculino” o “femenino”, es, sin ningún género de duda, un arma muy eficaz de dominación y de control. El “género” expresa una relación de poder en la que quien domina representa los valores masculinos y quien es dominado, los femeninos. No son los machos los que dominan a las hembras, sino las ideas y los valores considerados como masculinos, y por tanto de machos, quienes dominan a las ideas y los valores considerados como femeninos, y por tanto de hembras. Para ello la masculinidad adopta algunas de las características físicas y biológicas de los machos y la feminidad de las hembras… y por supuesto la masculinidad es la que corresponde a los machos y la feminidad a las hembras, de tal forma que sólo por nacer de uno u otro sexo, este sistema ya nos adjudica unas características masculinas o femeninas con las que tenemos que identificarnos forzosamente si no queremos quedar en los márgenes de lo queer, marica, truchona, etc…

Y claro, por supuesto, todo aquello que se identifica con lo masculino está siempre mucho más valorado que lo que se identifica con lo femenino. Construir, crear máquinas, inventar artilugios, conquistar, la competitividad… son valores “masculinos” y valorados por tanto muy positivamente. Por el contrario, cuidar, limpiar, atender, escuchar, la colaboración o incluso amar… se consideran valores “femeninos” y por tanto mucho menos valorados.

Seguiré pensando degeneradamente y desordenadamente… No trato de formular ninguna hipótesis ni, mucho menos, ninguna teoría… Simplemente pienso. Todo lo que pienso y pongo por escrito es debatible, incluso por mí mismo, por lo que es posible que me me contradiga y que, en un momento dado, considere que algo que he dicho previamente sea una solemne tontería…

domingo, 3 de agosto de 2014

maternidades

"En nuestra sociedad, el hecho mismo de la procreación no se plantea como opción, sino como 'sentido' de la condición femenina, ni concierne tampoco a las decisiones autónomas de las mujeres con respecto a su propia fertilidad, sino que está sujeto a las normas sociales impuestas por el orden societal a partir de un marco valórico androcrático basado en la obligatoriedad reproductiva. Ésta es la cara oculta de la matrística y sus optimismos. Bajo el culto a la maternidad o a la familia se esconde una violencia dogmática que sanciona como anormal o abominable el que tales condiciones puedan ser asumidas como opciones autogobernadas. El control patriarcal de la fertilidad femenina adquiere en nuestra sociedad características institucionales fundamentalistas, las que son acríticamente refrenadas por la escolaridad. Las mujeres son educadas para emparejarse y procrear, no para decidir lo que harán con su fertilidad en un abanico de opciones no sólo sexuales o reproductivas."

Rodrigo Gaínza, Dirigir y corregir

ficciones políticas

Beatriz Preciado se define como "pensador y activista" de lo "queer" o "cuir", de lo subalterno y de lo anormal... Escuchar esta conferencia de Beatriz Preciado con la mente abierta nos abre vías de reflexión insospechadas. Magnífica Beatriz Preciado.


domingo, 27 de julio de 2014

géneros de violencia

La "violencia de género" es el nuevo género de violencia que se ha sacado de la manga el Estado policial, militarizado y capitalista para dividir a la población en dos (en general al Estado capitalista le gusta mucho que todo sea binario... ceros y unos... porque sino las cosas se complican demasiado y son más difíciles de manejar, controlar y someter): pobres mujeres a las que hay que proteger y violentos hombres que hay que vigilar y castigar. Y esto, como siempre, lo consigue con el apoyo de los sectores supuestamente más izquierdistas y revolucionarios.

La violencia es siempre violencia, y si queremos que no haya violencia, o al menos que no haya tanta, la mejor solución no es aplicar la violencia contra los violentos. Las leyes, la policía y los ejércitos nunca podrán servir para luchar contra la violencia, pues se trata de instituciones violentas en sí mismas. No podemos distinguir entre violencias... violencia de hombres contra mujeres, de hombres "homosexuales" contra mujeres, de hombres contra hombres, de mujeres contra mujeres, de mujeres contra hombres de mujeres "homosexuales" contra mujeres "heterosexuales", de mujeres "heterosexuales" contra hombres "homosexuales", de hombres contra niños, de niños contra mujeres, de curas contra niños, de hombres y mujeres contra perros y gatos, o contra vacas o toros... las combinaciones son casi infinitas... La violencia es violencia. Luchar específicamente contra un tipo de violencia significa restar importancia a los otros tipos. Pero hoy, el Estado policial, en su gusto por lo binario, ha optado, por simplificarlo de tal manera que, al parecer, sólo existen dos tipos de violencia: la violencia de género o violencia machista y las demás.

Si de verdad existe la categoría de violencia contra las mujeres, donde la encontramos continuamente es en las revistas de moda con títulos como "Mujer hoy" y cosas parecidas, en los anuncios de televisión, en las teleseries, en los anuncios callejeros, incluso en los escaparates de las tiendas de juguetes.

Sobre este tema, Prado Esteban nos ofrece algunas claves interpretativas de extraordinario interés:

Legislar Contra El Amor: La Ley De Violencia De Género Y La Construcción Del Estado Policial Y Totalitario

La ley de Violencia de Género de 2004 (en adelante LOVG) fue aprobada por unanimidad en un parlamento mayoritariamente masculino (solo el 36% de los parlamentarios eran mujeres). La anuencia general que ha tenido esta legislación expresa su importancia capital para el Estado y la sitúa en la misma categoría que las directrices fundamentales del sistema como lo es la Constitución de 1978.

Los datos de su aplicación son estremecedores: El 13% de la población reclusa son varones castigados por delitos tipificados en la ley, una parte importante de esos delitos, de ser cometidos por mujeres, tendrían la categoría de faltas y no conllevarían penas de cárcel. Durante los primeros cinco años de vida de la ley más de cien mil hombres han sufrido algún tipo de condena o medida penal. El gobierno considera que las cien mil denuncias anuales que se producen no representan sino la cuarta parte de las que se deberían poner (1) por lo que hay que calcular que si los varones encarcelados por violencia de género son nueve mil en este momento podrían llegar pronto a las treinta y seis mil, es decir, incrementaría la población reclusa en un 50% creándose auténticos campos de concentración. Por otro lado, la aplicación de esta norma no solo no ha resuelto el problema de la muerte de mujeres por sus parejas sino que las víctimas (2) han seguido aumentando, un crecimiento que es producto precisamente del enconamiento, el resentimiento y la hostilidad que la ley, la machacante propaganda de los medios y el sistema educativo, entre otras causas, genera en las relaciones de los sexos.

Tal normativa tiene efectos muy beneficiosos para la máquina estatal capitalista que azuza la discordia entre mujeres y hombres como pretexto para seguir ampliando el estado militar y policial y la judicialización de la vida social a la vez que ensaya procedimientos excepcionales para el control y dominación de la población civil como las pulseras de seguimiento y vigilancia y para la manipulación mental masiva a través de las medidas (judiciales o no) de reeducación como las que actualmente se llevan a cabo con los hombres para la creación de lo que llaman la “nueva masculinidad”.

martes, 31 de diciembre de 2013

demasiado grandes

La elegante señorita del establecimiento me  miró de arriba abajo desde detrás del mostrador y, sin hacer el menor movimiento, sentenció que no tenía faldas de mi talla: ¡Es usted demasiado grande! – dijo.
- ¿Comparada con qué? – repliqué.
- Pues con la talla 38. Lo normal es una 36 o una 38. Las tallas grandes, como la que usted necesita, puede encontrarlas en tiendas especiales.
Era la primera vez que me decían semejante estupidez respecto a mi talla.
- Y ¿se puede saber quién establece  lo que es normal y lo que no? – pregunté a la dependienta como queriendo recuperar algo de mi seguridad si ponía a prueba las reglas establecidas. – ¿Quién ha dicho que todo el mundo deba tener la talla 38? – bromeé, sin mencionar la talla 36, que es la que usa mi sobrina de doce años, delgadísima.
- La norma está presente en todas partes, querida mía. En las revistas, en los anuncios. Es imposible no verlo. Si aquí se vendiera la talla 46 ó 48, que son probablemente las que usted necesita, nos iríamos a la bancarrota. Pero ¿en qué mundo vive usted, señora? Lo siento, pero no puedo ayudarla, de verdad.
-  Pues vengo de un país donde no existen las tallas en la ropa de mujer – repliqué-. Yo misma me compro la tela, y la costurera del barrio o un artesano me hacen la falda que le pido a medida. De hecho, si quiere que le diga la verdad, no tengo ni idea de qué talla uso.
- ¿Quiere usted decir que no vigila su peso? – me preguntó con cierta incredulidad.

la talla 38 vista por una feminista árabe