los pensamientos de un cabrero
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sábado, 19 de julio de 2014
jueves, 10 de julio de 2014
el carnicero de Badajoz
Juan Yagüe Blanco.. el General Yagüe, todavía tiene una calle en Madrid y en Oviedo y un hospital con su nombre en la ciudad de Burgos.
Estas son sus hazañas:
Yagüe había recorrido 500 kilómetros en cuatro semanas, perpetrando horribles matanzas en Andalucía y Extremadura, lo cual había provocado que sus tropas fueran conocidas como “la columna de la muerte”. Las masacres de Badajoz, Mérida y Almendralejo son particularmente conocidas. De hecho, los corresponsales Jay Allen, Mário Neves y John T. Whitaker presenciaron los crímenes cometidos en Badajoz por los legionarios y los regulares. Mário Neves descubrió una enorme columna de humo blanco y, gracias a una conversación ocasional con un sacerdote, localizó su procedencia. Las tropas de Yagüe habían amontonado los cadáveres de sus víctimas en el cementerio e incineraban sus restos con gasolina. Horrorizado, Neves envió un despacho telefónico a su periódico, el Diário de Lisboa, comunicando su intención irrevocable de partir hacia otro lugar: “Me voy. Quiero salir de Badajoz, cueste lo que cueste, tan pronto como sea posible y con la firme promesa de no regresar”. No menos sobrecogido, Allen escribió para el Chicago Tribune: “Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. […] La represión comenzó apenas se tomó la ciudad. En la plaza de toros, han fusilado con ametralladoras a más de 1.800 hombres y mujeres. Hay más sangre de la que uno pueda imaginar en 1.800 cuerpos”. John T. Whitaker interrogó al coronel Yagüe, preguntándole si era cierto que habían fusilado a 4.000 prisioneros. Sin avergonzarse, Yagüe contesto: “Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj? ¿Suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar que volvieran a edificar una Badajoz roja?” En La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz (2003), el historiador Francisco Espinosa Maestre documenta la identidad de 1.518 personas fusiladas en Badajoz por las tropas del coronel Yagüe, rebajando el alcance de la represión, pero al mismo tiempo indica que en toda la provincia la cifra total de ejecuciones supera las 12.000. Espinosa, que realizó un minucioso trabajo de campo pueblo por pueblo, sostiene que la represión “no fue una consecuencia de la guerra, sino una de sus razones explicativas fundamentales. […] La violencia formaba parte del proyecto inicial de los insurgentes, dispuestos a exterminar a todos los elementos de la sociedad española –políticos, sindicalistas, profesionales, maestros…- que habían contribuido a articular la alternativa reformista iniciada en 1931”. Para Espinosa, Badajoz es una prefiguración de Auschwitz.
(extraído del blog de Rafael Narbona)
Estas son sus hazañas:
Yagüe había recorrido 500 kilómetros en cuatro semanas, perpetrando horribles matanzas en Andalucía y Extremadura, lo cual había provocado que sus tropas fueran conocidas como “la columna de la muerte”. Las masacres de Badajoz, Mérida y Almendralejo son particularmente conocidas. De hecho, los corresponsales Jay Allen, Mário Neves y John T. Whitaker presenciaron los crímenes cometidos en Badajoz por los legionarios y los regulares. Mário Neves descubrió una enorme columna de humo blanco y, gracias a una conversación ocasional con un sacerdote, localizó su procedencia. Las tropas de Yagüe habían amontonado los cadáveres de sus víctimas en el cementerio e incineraban sus restos con gasolina. Horrorizado, Neves envió un despacho telefónico a su periódico, el Diário de Lisboa, comunicando su intención irrevocable de partir hacia otro lugar: “Me voy. Quiero salir de Badajoz, cueste lo que cueste, tan pronto como sea posible y con la firme promesa de no regresar”. No menos sobrecogido, Allen escribió para el Chicago Tribune: “Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. […] La represión comenzó apenas se tomó la ciudad. En la plaza de toros, han fusilado con ametralladoras a más de 1.800 hombres y mujeres. Hay más sangre de la que uno pueda imaginar en 1.800 cuerpos”. John T. Whitaker interrogó al coronel Yagüe, preguntándole si era cierto que habían fusilado a 4.000 prisioneros. Sin avergonzarse, Yagüe contesto: “Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj? ¿Suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar que volvieran a edificar una Badajoz roja?” En La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz (2003), el historiador Francisco Espinosa Maestre documenta la identidad de 1.518 personas fusiladas en Badajoz por las tropas del coronel Yagüe, rebajando el alcance de la represión, pero al mismo tiempo indica que en toda la provincia la cifra total de ejecuciones supera las 12.000. Espinosa, que realizó un minucioso trabajo de campo pueblo por pueblo, sostiene que la represión “no fue una consecuencia de la guerra, sino una de sus razones explicativas fundamentales. […] La violencia formaba parte del proyecto inicial de los insurgentes, dispuestos a exterminar a todos los elementos de la sociedad española –políticos, sindicalistas, profesionales, maestros…- que habían contribuido a articular la alternativa reformista iniciada en 1931”. Para Espinosa, Badajoz es una prefiguración de Auschwitz.
(extraído del blog de Rafael Narbona)
viernes, 7 de febrero de 2014
el enigma del siglo XX
"... lo que convertía a Hitler en la figura dominante del siglo XX era precisamente su naturaleza enigmática. Stalin y Mao compartían con Hitler la condición de genocidas, pero no eran en absoluto enigmáticos, y por ello habían inspirado muchísimos menos libros. La historia universal estaba plagada de personajes de esa calaña; existían en el presente y seguirían existiendo siempre, pero, como Hitler, no había habido nadie. Hitler no tenía parangón, fue la criatura más enigmática de todos los tiempos. Por esta razón, el fascismo de Mussolini o Franco resultaba relativamente insignificante comparado con el nacionalsocialismo." (p. 40)
"Suponiendo que Hitler era la personificación, adorada a la par que maldecida, de la nada -a quien nada impedía hacer cualquier cosa-, resultaba imposible reflejar su verdadera cara en un espejo literario... por la simple razón de que no tenía cara. Antes se le podría comparar con el conde Drácula, el vampiro que se alimenta de sangre humana, el muerto viviente cuya imagen no se refleja. En tal caso, la diferencia entre Hitler y otros déspotas -tipo Nerón, Napoleón o Stalin- no sería gradual sino esencial. Éstos eran sin duda personajes demoniacos, pero hasta los demonios tienen algo positivo, mientras que el ser de Hitler consistía en la ausencia del ser." (p. 86)
"Cabría decir entonces que Hitler interpretaba a Hitler... como un actor interpreta a un sanguinario rey de Shakespeare, pero con muertes auténticas." (p. 84)
"... en realidad, Hitler no era nadie. Una imagen hueca... La fascinación que ejerció -y que sigue ejerciendo hoy en día- y el poder, que el pueblo alemán le concedió, no los consiguió a pesar de su condición de criatura sin vida, sino gracias a ella... de no existir Dios, como parece indicar la historia universal, la divinización de Hitler podría ser el quid de la cuestión. En tal caso él se presentaría como la divinización de lo inexistente." (p. 85)
Harry Mulisch, Sigfrido
"Suponiendo que Hitler era la personificación, adorada a la par que maldecida, de la nada -a quien nada impedía hacer cualquier cosa-, resultaba imposible reflejar su verdadera cara en un espejo literario... por la simple razón de que no tenía cara. Antes se le podría comparar con el conde Drácula, el vampiro que se alimenta de sangre humana, el muerto viviente cuya imagen no se refleja. En tal caso, la diferencia entre Hitler y otros déspotas -tipo Nerón, Napoleón o Stalin- no sería gradual sino esencial. Éstos eran sin duda personajes demoniacos, pero hasta los demonios tienen algo positivo, mientras que el ser de Hitler consistía en la ausencia del ser." (p. 86)
"Cabría decir entonces que Hitler interpretaba a Hitler... como un actor interpreta a un sanguinario rey de Shakespeare, pero con muertes auténticas." (p. 84)
"... en realidad, Hitler no era nadie. Una imagen hueca... La fascinación que ejerció -y que sigue ejerciendo hoy en día- y el poder, que el pueblo alemán le concedió, no los consiguió a pesar de su condición de criatura sin vida, sino gracias a ella... de no existir Dios, como parece indicar la historia universal, la divinización de Hitler podría ser el quid de la cuestión. En tal caso él se presentaría como la divinización de lo inexistente." (p. 85)
Harry Mulisch, Sigfrido
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