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jueves, 4 de diciembre de 2014

la vida breve

Me gusta la brevedad, me dijo
sólo te amaré lo que dure la vida

Begoña Abad, Cómo aprender a volar

 


fe de erratas

Busco en la vida la fe de erratas
que me aclare algunas cosas.
Por qué no me quieres si te quise tanto.
Por qué no te quise lo suficiente.
Por qué no nos quisimos al mismo tiempo.
Por qué nos queremos de un modo desigual.
Por qué quererte es un acto de fe.
Por qué dejar que me quieras me mata de ese modo
pero me muero si no dejo que me quieras.
Por qué tanto querernos nos desangra
y no querernos tanto es un imposible a estas alturas.

Begoña Abad

sujetando recuerdos olvidados

Mi madre no recuerda el nombre se su madre.
Ha olvidado el camino de regreso a la vida,
no sabe usar el peine, ni la cuchara,
se pone, casi siempre, la chaqueta al revés
y revuelve los cajones en su memoria,
pero siempre sonríe al escuchar mi nombre.

Mi madre no recuerda si tuvo algún amante,
si ha viajado muy lejos, si ha perdido algún tren,
dónde están sus anillos, si alguna vez fue guapa,
que le gustaba tanto el Chinchón y el café,
que las letras unidas tienen significado
y que el perro que amaba nos dejó ya hace un mes.

Mi madre me recuerda, sin amargura,
lo que yo he olvidado tan tontamente,
la oración de su abuela que me dormía
las canciones de cuna que me cantaba,
y unas romanzas moras que, en letanía,
desgrana mirando por la ventana.

Mi madre y yo sujetamos recuerdos olvidados
como podemos, a veces con dolor,
otras con risas, siempre con esperanza.


Begoña Abad, La medida de mi madre